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Home»Gastronomía»Las castañas volverán en otoño 2026
Gastronomía

Las castañas volverán en otoño 2026

NBAsturiasBy NBAsturias4 Mins Read

Las castañas anuncian la llegada del otoño 2026 y también del invierno, con su aroma inconfundible; y para los amantes de este manjar de la naturaleza hay muchas opciones para prepararlas más allá de cocerlas o asarlas

Las castañas volverán en otoño 2026
Foto: 123rf.com

Hay olores que avisan de que ha cambiado la estación antes de que lo confirme el calendario. El de las castañas asadas es uno de ellos: aparece en algún puesto callejero o sale de un horno casero, y de pronto queda claro que el verano ya ha terminado.

Más allá de la versión asada

La castaña asada es la forma más conocida de comerla, casi un símbolo, pero reducirla a eso deja fuera buena parte de lo que puede dar de sí en la cocina. Hervida y triturada, se convierte en la base de cremas con una textura densa muy distinta a la de otras verduras de otoño. En repostería, aparece en tartas con un punto terroso que combina bien con el chocolate, en flanes que sustituyen la típica base láctea por su propio puré, o en sorbetes que sorprenden por lo poco habitual del sabor en un postre frío.

También se presta a preparaciones más sencillas, casi de aprovechamiento: mezcladas en un guiso de legumbres aportan un punto dulce que equilibra el conjunto, y trituradas gruesas encima de una crema de calabaza añaden textura sin necesitar nada más. No es un ingrediente que exija una receta compleja para lucirse, y admite tanto la versión más elaborada como la más rápida, según el tiempo o las ganas que se tengan ese día. Incluso una simple mermelada casera, cocida despacio con un poco de azúcar, aprovecha bien una bolsa que se ha quedado a medias. No hace falta gran cantidad para notar la diferencia: unas pocas castañas bastan para transformar un plato ya conocido en algo distinto.

Un sabor que remueve recuerdos

Pocos alimentos de temporada están tan ligados a la memoria como la castaña. El cucurucho de papel caliente entre las manos en una tarde fría, la piel quemándose un poco los dedos al pelarlas, el ritual de esperar a que se enfríen antes de morderlas: son gestos que muchos repiten desde la infancia y que se transmiten casi sin darse cuenta, de una generación a otra, sin que nadie tenga que explicar por qué se hacen así.

Esa capacidad de evocar algo del pasado convive, al mismo tiempo, con la posibilidad de descubrir algo nuevo. Quien solo conoce la castaña asada puede sorprenderse al probarla en una tarta o en un plato salado, y encontrar ahí una experiencia distinta dentro de un sabor que creía ya conocido del todo. A veces basta con cambiar la forma de prepararla para redescubrir un ingrediente que se daba por completamente conocido, casi como volver a probarlo por primera vez.

La experiencia de recogerlas

Para quien tiene la posibilidad, recoger castañas en persona añade una capa más a todo esto. Hay montes y zonas rurales donde los castaños crecen de forma natural, y salir a buscarlas se convierte en un plan de otoño en sí mismo: caminar entre hojas caídas, ir llenando una bolsa poco a poco, disfrutar del paisaje mientras cambia de color. Conviene informarse antes sobre a quién pertenece el terreno y qué normas locales aplican, porque no todos los montes permiten la recolección libre, aunque parezcan abandonados.

Además del propio fruto, esa salida suele convertirse en el plan completo: una excusa para caminar, para desconectar un rato y para terminar la tarde con las manos manchadas de tierra y una bolsa llena que luego se cocinará en casa. Quien vive en ciudad y no tiene esa opción no se queda fuera de la experiencia: la tienda de confianza o el supermercado ofrecen castañas de temporada con la misma calidad, y el ritual de elegirlas, pelarlas y cocinarlas en casa conserva buena parte de ese mismo encanto, aunque falte el paseo previo por el monte.

Una temporada que merece más que un asador

La castaña seguirá siendo, para la mayoría, sinónimo de castañera y cucurucho de papel. Tiene sentido que sea así: es la forma más directa y la que menos esfuerzo pide. Pero quien se anime a probarla de otras maneras —en un postre, en un plato salado, recién recogida o comprada esa misma tarde— encontrará que el otoño 2026 tiene, en este fruto tan pequeño, mucho más que ofrecer de lo que parece a primera vista.

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