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Las tareas que dan pereza hoy y prisa mañana

NBAsturiasBy NBAsturias4 Mins Read

Las tareas pendientes puede parecer pequeñas hasta que llega el momento de resolverlas con prisas. Lo que hoy se peude hacer en un rato tranquilo mañana puede alterar todos nuestros planes.

Las tareas que dan pereza hoy y prisa mañana
Foto: 123rf.com

Llevamos varios días viendo que se acaba la leche. Cada vez que abrimos la nevera pensamos que tenemos que comprarla, pero siempre encontramos algo más apetecible que salir a por ella. El problema llega una noche, cuando queremos preparar el desayuno del día siguiente y descubrimos que apenas queda. Miramos la hora, comprobamos si el supermercado sigue abierto y salimos deprisa a resolver un recado que podríamos haber hecho con calma.

No es una situación extraordinaria. También ocurre con las pilas que necesita un aparato, un documento que debemos recoger o una presentación que tenemos que preparar. Sabemos que esas tareas están pendientes, pero como todavía queda tiempo, las dejamos para otro momento. Hasta que ese momento llega y resulta ser bastante menos cómodo de lo que imaginábamos.

Cuando una tarea pequeña empieza a ocupar demasiado

Comprar unas pilas puede llevar pocos minutos si pasamos por una tienda durante nuestro recorrido habitual. Si esperamos hasta el instante en que las necesitamos, quizá tengamos que salir expresamente, buscar un establecimiento abierto o cambiar lo que teníamos previsto hacer.

La tarea sigue siendo la misma, pero las circunstancias han cambiado. Ya no elegimos cuándo resolverla: necesitamos hacerlo antes de poder continuar con otra cosa.

Con los recados sucede a menudo. Tenemos que recoger un documento y sabemos que la oficina cierra a una hora determinada. Durante varios días pensamos que iremos cuando tengamos un hueco. Finalmente, el día que lo necesitamos descubrimos que ese hueco debe aparecer antes del cierre, aunque nuestra jornada esté llena.

No siempre aplazamos estos asuntos por pereza. A veces surge una obligación más importante o estamos demasiado cansados para añadir otro desplazamiento. Otras, sencillamente, pensamos que mañana será igual de fácil que hoy. Y no siempre lo es.

La presentación que parecía tener tiempo de sobra

En el trabajo, dejar una tarea para después puede tener consecuencias más visibles. Nos encargan una presentación para el viernes y el lunes parece que tenemos toda la semana por delante. Podemos reunir la información, ordenar las ideas y preparar las diapositivas sin demasiada presión.

Pero el martes aparecen otros asuntos, el miércoles atendemos una reunión imprevista y el jueves seguimos pensando que nos queda una tarde entera. Cuando por fin nos sentamos a trabajar, descubrimos que falta un dato, que una imagen no encaja o que necesitamos revisar una parte del contenido.

Entonces ya no basta con terminar la presentación. También hay que resolver los detalles que no habíamos previsto, y hacerlo antes de una hora concreta.

Empezar antes no garantiza que todo salga según lo planeado. Puede haber cambios de última hora incluso en un trabajo preparado con tiempo. La diferencia está en disponer de cierto margen para afrontarlos sin tener que resolver cada contratiempo a contrarreloj.

Lo pendiente también depende de nuestros horarios

Hay tareas que podemos hacer casi en cualquier momento y otras que dependen de alguien más. Comprar un producto, acudir a una oficina o pedir una información exige tener en cuenta horarios y disponibilidad. Que nosotros tengamos libre el jueves por la tarde no significa que el establecimiento al que necesitamos ir esté abierto.

Por eso, a veces resulta útil fijarse en la oportunidad que tenemos delante y no únicamente en la fecha en la que necesitaremos algo. Si hoy pasamos junto a la tienda y sabemos que nos faltan pilas, quizá resolver el recado encaje mejor en ese trayecto que en una salida improvisada dentro de tres días.

Eso no significa llenar cada rato libre de obligaciones. También necesitamos descansar, improvisar planes y dejar asuntos para otro día. La cuestión es reconocer cuáles pueden esperar sin complicaciones y cuáles tienen más posibilidades de interferir después en nuestra agenda.

La lista de pendientes nunca desaparece del todo. Terminamos una tarea y aparece otra, unas veces importante y otras tan pequeña como comprar leche. No hace falta vivir con cada minuto organizado para notar que algunas cosas resultan más sencillas cuando todavía podemos elegir el momento de hacerlas.

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