Durante siglos, la historia de Troya fue considerada poco más que un mito. La épica narración de Homero en la Ilíada, con sus héroes legendarios, dioses caprichosos y el famoso caballo de madera, parecía demasiado fantástica para ser real. Troya era un cuento, una leyenda poética sin base histórica. Sin embargo, en el siglo XIX, un hombre obsesionado con demostrar que Homero no había mentido cambió para siempre nuestra comprensión del pasado. El descubrimiento arqueológico de Troya no solo confirmó la existencia de la ciudad, sino que abrió un debate fascinante sobre dónde termina el mito y dónde comienza la historia.

Heinrich Schliemann, un empresario alemán con una fortuna considerable y una pasión desbordante por la arqueología, estaba convencido de que la Troya de Homero había existido realmente. Armado con el texto de la Ilíada como guía, Schliemann viajó a Turquía en 1870 y comenzó excavaciones en una colina llamada Hisarlik, cerca de la costa del mar Egeo. Lo que encontró allí superó las expectativas: los restos de no una, sino varias ciudades superpuestas, construidas y destruidas a lo largo de miles de años.
El hallazgo de Schliemann
Schliemann descubrió que Hisarlik contenía nueve estratos de ciudades diferentes, cada una edificada sobre las ruinas de la anterior. Identificó uno de esos estratos, al que llamó Troya II, como la ciudad de Homero. En ese nivel encontró un tesoro de objetos de oro, plata y bronce que denominó el «Tesoro de Príamo», convencido de que pertenecía al rey troyano mencionado en la Ilíada. La noticia del hallazgo conmocionó al mundo académico y convirtió a Schliemann en una celebridad.
Sin embargo, investigaciones posteriores demostraron que Schliemann se había equivocado de estrato. Troya II era demasiado antigua, databa de alrededor del año 2500 antes de Cristo, mil años antes de la época en que supuestamente ocurrió la Guerra de Troya. El verdadero candidato a ser la Troya homérica era Troya VI o Troya VIIa, niveles más recientes que mostraban signos de destrucción violenta y databan aproximadamente del siglo XIII o XII antes de Cristo, coincidiendo con el periodo en que los griegos micénicos dominaban el Egeo.
A pesar de sus errores metodológicos y su entusiasmo a veces excesivo, Schliemann logró algo extraordinario: demostró que Troya no era solo un invento literario. Había existido una ciudad poderosa en ese lugar estratégico, controlando el acceso a los Dardanelos, un estrecho crucial para el comercio entre el Mediterráneo y el Mar Negro. Esa posición geográfica hacía de Troya un objetivo militar y económico valioso, lo que da credibilidad a la idea de que pudo ser escenario de un conflicto importante.
Homero versus la realidad
La Ilíada de Homero no es un libro de historia. Es una obra literaria compuesta siglos después de los acontecimientos que narra, transmitida oralmente durante generaciones antes de ser puesta por escrito. Mezcla hechos posibles con elementos míticos, héroes casi divinos y la intervención constante de los dioses del Olimpo. Distinguir qué partes de la historia tienen base real y cuáles son pura ficción es una tarea compleja.
Lo que la arqueología ha confirmado es que en el periodo en que supuestamente ocurrió la Guerra de Troya, la región estaba habitada por pueblos que podían corresponderse con los troyanos mencionados por Homero. Las tablillas hititas, un pueblo poderoso de Anatolia, mencionan una ciudad llamada Wilusa, que muchos investigadores identifican con Ilión, otro nombre de Troya. Estos textos hablan de conflictos en la zona, aunque no mencionan directamente una guerra con los griegos.
Tampoco hay evidencia arqueológica del famoso caballo de Troya. Este episodio, uno de los más célebres de la leyenda, podría ser una metáfora, una invención literaria o el recuerdo distorsionado de alguna estratagema militar. Lo que sí se ha encontrado en Troya VIIa son signos claros de destrucción violenta: restos de incendios, fortificaciones dañadas y una reconstrucción posterior realizada de forma apresurada. Algo grave ocurrió en esa ciudad alrededor del año 1200 antes de Cristo.
La importancia estratégica de Troya
Más allá de la leyenda, Troya era una ciudad importante por razones puramente prácticas. Su ubicación en la entrada de los Dardanelos la convertía en un punto de control del comercio entre Europa y Asia. Los barcos que querían acceder al Mar Negro debían pasar cerca de Troya, y es probable que la ciudad cobrara tributos o ejerciera algún tipo de control sobre ese tráfico. Esto la convertía en un objetivo tentador para cualquier potencia que quisiera dominar las rutas comerciales de la región.
Los griegos micénicos, cuya civilización floreció en el segundo milenio antes de Cristo, eran comerciantes y guerreros expansivos. Controlaban gran parte del Egeo y mantenían contactos comerciales con Egipto, Oriente Próximo y Anatolia. Un conflicto con Troya por motivos económicos o estratégicos es perfectamente plausible, aunque posiblemente mucho menos épico y romántico que la historia de Helena y Paris que cuenta Homero.
El legado de Troya
El descubrimiento de Troya marcó el nacimiento de la arqueología moderna. Demostró que las leyendas antiguas podían contener núcleos de verdad histórica y que era posible reconstruir el pasado mediante la excavación metódica. Desde Schliemann, generaciones de arqueólogos han trabajado en Hisarlik, refinando las técnicas, corrigiendo errores anteriores y aportando nuevos datos que enriquecen nuestra comprensión de lo que realmente fue Troya.
Hoy sabemos que Troya fue habitada durante más de tres mil años, desde el tercer milenio antes de Cristo hasta la época romana. Fue destruida y reconstruida múltiples veces, testigo de guerras, terremotos y cambios culturales. Cada estrato cuenta una historia diferente, y el conjunto revela la complejidad de la historia humana en esa región crucial del mundo antiguo.
La pregunta de si la Guerra de Troya ocurrió tal como la cuenta Homero probablemente nunca tendrá una respuesta definitiva. Lo que sí sabemos es que existió una ciudad poderosa, estratégicamente situada, que fue destruida violentamente en un periodo que coincide con el marco temporal de la leyenda. Quizá hubo un conflicto importante, quizá Helen y Aquiles nunca existieron, pero Troya sí existió. Y eso, en sí mismo, ya es extraordinario.