(dpa) – Ya sea un balcón o una huerta urbana: Los jardines cobraron nuevo significado en tiempos de confinamiento al permitir a sus dueños disfrutar en libertad de un pedacito de naturaleza.

La bloguera alemana Carolin Engwert riega las plantas de su huerta urbana en Berlín. El cuidado de las superficies verdes experimenta un nuevo auge en tiempos de pandemia. Foto: Sven Braun/dpa

Las colonias de jardines forman parte de la cultura germana. Estas comunidades están compuestas por numerosas pequeñas parcelas cuyos terrenos no suelen superar los 400 m2 y en el que además del área cultivable suele haber una cabaña rústica. Con la crisis generada por el coronavirus la popularidad de estas áreas se ha disparado.

«De pronto todo el mundo se interesa por la jardinería», dice la berlinesa Calorin Engwert, quien dirige un blog sobre jardines -hauptstadtgarten.de-. Mientras recolecta lechugas en su huerto urbano, comenta que, antes de la pandemia, su blog contaba con unos 30.000 lectores y ahora ascienden a 120.000.

«Con un jardín es mucho más fácil sobrellevar las restricciones», asegura Anke Schmitz, historiadora de jardines. Su blog participativo: gardensinthetimesofcorona.com, refleja la relevancia que adquirieron los jardines en la era del coronavirus. «El blog es un monumento virtual a los jardines», acota.

Unos 30 entusiastas de la jardinería publicaron en dicho blog sus experiencias. «Esta primavera pudimos valorar realmente nuestra huerta urbana», testimonian Malte y Conny del estado federado de Schleswig-Holstein.

Ambos trabajan ahora en homeoffice y pasan mucho más tiempo con sus tres hijos en la parcela con jardín que posee la familia desde hace dos años.

Otro testimonio: Andreas, de Renania del Norte-Westfalia, asegura que la colonia de jardines de la que forma parte supuso tanto para él como para el resto de vecinos con huertos de la comunidad el lugar perfecto para escapar de las cuatro paredes de sus respectivas casas.

Para el terapeuta hortícola Andreas Niepel, su cenador y su jardín de 350 metros cuadrados son: «Algo así como un nuevo símbolo de estatus. De repente todo el mundo me envidia por ello».

Según el experto: «El humano, por naturaleza, tiene necesidad de salir al aire libre». El terapeuta, que trabaja en rehabilitación neurológica, explica que incluso una mínima privación de pasear en la naturaleza -como ahora en pandemia- es difícil de soportar para muchas personas.

Pone además como ejemplo los datos recopilados por los parques nacionales estadounidenses que muestran que tras catástrofes como la del 11 de septiembre de 2001, la gente busca consuelo en la naturaleza más que en las iglesias. «La pandemia impulsó a la gente a ir a parques y jardines», agrega.

Las huertas urbanas que conforman las colonias de jardines constituyen por un lado un área privada pero participan también de la vida pública. Uno puede, por ejemplo, hablar con el vecino de la parcela de al lado a través de la valla que separa ambos jardines.

Según Anke Schmitz, un jardín favorece mucho más el contacto social que una casa o un apartamento. «Mucha gente aprendió a apreciar esas ventajas durante el confinamiento», añade.

«Un jardín es el mejor lugar en el que estar en este momento. Proporciona un enorme bienestar», afirmó Stefan Grundei, director general de la asociación alemana de Amigos del Jardín, al comienzo de la pandemia.

Plantar, regar y abonar no es lo único que está de moda en las colonias de jardines. Las piscinas infantiles, camas elásticas y torres de juegos cada vez están más presentes en las parcelas.

«Muchas familias se preparan para pasar el verano boreal en su propio jardín. Para que la mejor época del año siga siendo una buena experiencia, la gente se equipa para jugar al aire libre», afirma Steffen Kahnt, director de la asociación alemana del comercio minorista de juguetes.

«Para mí la huerta urbana ha sido una buena oportunidad para relajarme y sencillamente disfrutar de la soledad durante un rato», explica la bloguera Engwert. Como tantas otras familias, ella y su marido tuvieron que trabajar durante semanas desde casa y compaginarlo con el cuidado de sus hijos y el homeschooling.

Engwert disfruta de su jardín -en régimen de alquiler- desde 2015. Después del primer año escribió un libro en el que comparte su experiencia: «La aventura del jardín».

La demanda de estas áreas ha ido en aumento desde el comienzo de la crisis provocada por el coronavirus, constata la asociación federal alemana de pequeñas parcelas. Las solicitudes se duplicaron en relación al año pasado. En algunas asociaciones de Berlín, Hamburgo o Múnich incluso se cuadruplicó.

Los balcones, aunque con un espacio más limitado, son una buena alternativa. «Patatas, espinacas, rábanos, todo, excepto los nogales, tiene cabida», bromea Birgit Schattling, bloguera de «bio-balkon.de». «La gente dispone ahora de más tiempo y quiere plantar su propia fruta, verdura y especias», añade.

También ella constató esta primavera boreal un fuerte crecimiento del interés en la jardinería. Su grupo de Facebook tuvo más actividad que nunca y el congreso bio balcón on-line que organiza anualmente alcanzó un nuevo récord este año con 13.000 participantes.

Por Anja Sokolow (dpa)