Madrid, 30 may (EFE).- Aunque en su nuevo disco, «La deriva», los Vetusta Morla se abre a la imprevisión y la esperanza del cambio, el sexteto madrileño hace ya tiempo que mantiene un rumbo invariable de trayectoria ascendente, como han vuelto a dibujar esta noche en el primero de cinco conciertos en su ciudad con el aforo completo.
«Gracias por la fe ciega de comprar las entradas meses antes de la salida del disco», reconocía Pucho, el cantante, a las más de 2.000 personas que han llenado La Riviera en el estreno en vivo de su tercer disco en la capital, su principal granero de seguidores, aunque no el único.
Llegados de una fecunda gira por México, de donde se han traído a sus compadres de Zoé como teloneros, han dejado satisfechos a los presentes con hora y media larga de descarga de pop enérgico y chisporrotazos rock, en la que han predominado las canciones de su nuevo álbum (de hecho, las han tocado todas), confirmando que «Golpe maestro» está llamado a ser uno de sus futuros clásicos.
No han faltado estos, con la salvedad de «Saharabbey road», a pesar de que el público la ha coreado con insistencia en uno de los cortes antes de los bises, en los que ha vuelto a brillar el tema con el que solían empezar su anterior gira, «Los días raros».
«La deriva», el tema que titula su última producción, es esta vez el escogido para echar a andar el espectáculo, con Pucho emergiendo a solas, al frente de la percusión, antes de que se le unan el resto de la banda.
Se aprecia en este nuevo tour, que volverá a recalar en La Riviera hoy y mañana, además de los días 20 y 21 de junio, que Vetusta Morla echan mano cada vez más de ciertos trucos escenográficos (proyecciones, una gran sábana que se descuelga de improviso, grandes focos móviles) para subrayar sus canciones.
El sonido en La Riviera es otro cantar, como una lotería que esta noche ha dejado sin premio sobre todo a la voz, emborronada y difusa, lo que no ha impedido que el público se dejara llevar por la intensidad que siempre le pone Pucho.
Después de «Fuego», «Golpe maestro» ha sonado arrolladora y, con todo, da la sensación de que aún puede generar mayor potencia, sobre todo en el estribillo, un contraste con las más densas «La mosca en la pared» y «Pirómanos», con una línea de bajo contundente que sacude el aire.
«Lo que te hace grande», la primera de las antiguas, ha hecho aflorar las muestras espontáneas de júbilo y «Un día en el mundo» ha convertido la sala por primera vez, que no la única, en un karaoke unánime.
«Cuarteles de invierno», la levedad punzante de «Maldita dulzura», «La grieta» y sobre todo el final explosivo que trazan para «Mapas» mantiene el tono más crudo y roquero que se escucha en esta gira, probablemente como consecuencia del fondo y el estilo de su último disco.
Explica la banda que se trata del reflejo del «saqueo económico y moral» que se vive ahí fuera, por lo que se entiende que hagan un parón para dedicar «¡Alto!» a las víctimas de los desahucios.
Cabe reseñar la íntima versión que hacen de «Copenhague», casi con cadencia soul, antes de marchar hacia una anodina «Las salas de espera» (quizás no debieran insistir en todo el repertorio de este álbum en detrimento de joyas del pasado) y hacia «Valiente», otra de las canciones de la noche, con el público robándole el protagonismo a los mismísimos músicos.
Igual debería ser single «Tour de Francia», la más jubilosa de las canciones de «La deriva», a tenor de la reacción del público, que ha iniciado la cuenta atrás con «Fiesta mayor» y con «La cuadratura del círculo», intensa, psicodélica y apocalíptica a partes iguales.
Ya en los bises, la nueva balada «Sonata fantasma» («¡cantad alguna que nos sepamos!», gritaba una voz aislada) y tres éxitos imprescindibles de su producción: «Sálvese quien pueda», «El hombre del saco» y, por fin, «Los días raros», esa espiral ascendente, como el rumbo del grupo, que empieza muy abajo y acaba en una explosión colectiva, más propia de un estadio.
A ver si se dejan de reparos y la próxima vez se citan con Madrid en el Palacio de los Deportes. Por público y capacidad no será.
Javier Herrero.
