El actor vasco, Aitor Mazo, ha muerto esta mañana en su domicilio de Bilbao. El intérprete, conocido por su participación en decenas de series de televisión de nuestro país, ha fallecido a los 53 años de edad. Entre ellas, se pueden citar «Médico de familia», «Compañeros» y «Cuéntame». También ha trabajado en «Amar es para siempre», «El Chiringuito de Pepe» y «El ministerio del tiempo». En la mayoría de ellas solía encarnar el papel de actor secundario.
Su paso a la gran pantalla lo dio de la mano de grandes directores como Alex de la Iglesia en “La comunidad” o en la taquillera película “Ocho apellidos vascos”, filme en la que interpretó al divertido cura que debía casar a los personajes de Dani Rovira y Clara Lago.
Entre los premios que tiene en su haber, destaca el galardón del I Concurso de Guiones de Largometraje Versión Española/ALMA, por la película “La máquina de pintar nubes”. Su última aparición en el séptimo arte fue en “Lasa y Zabala”, con el papel de juez. Gran entusiasta también del teatro, mañana tenía previsto el estreno en Pamplona de la obra “La calma mágica”.
Muchos han sido los compañeros de profesión que han querido demostrar en las redes sociales el cariño que sentían por Aitor. Así, por ejemplo, Dani Rovira le dedicaba unas palabras. “Qué prontito te has ido Aitor Mazo. Se me pasó confesarte que fue maravilloso trabajar contigo. Un cálido abrazo a su familia y amigos».
Clara Lago, por su parte, también entonaba un discurso de pena. “Día triste, se nos va alguien de la familia #8apellidosvascos y de la familia del #cineespañol. Descansa en paz compañero”.
Por otro lado, Melani Olivares o Santiago Segura tampoco han dejado pasar la ocasión para darle un último adiós al vasco. «Aitor Mazo fallece a los 53 años, un buen actor, solvente y versátil de los de fondo. Podría haber seguido trabajando toda la vida», eran las palabras del actor de la saga “Torrente”.
Aún se desconocen las causas del fallecimiento de este gran representante de la ficción nacional, aunque a la espera de autopsia, podría haber sido víctima de una insuficiencia coronaria.
Por Ana Vázquez
