Segovia, 14 jul (EFE).- Un extraordinario conjunto histórico, declarado Bien de interés Cultural, presidido por la arquitectura en piedra, junto con la gastronomía basada en el cordero asado, continúan atrayendo a miles de visitantes a la villa medieval de Pedraza (Segovia), que recibe unas 150.000 personas al año.
Es al pionero del diseño de interiores en España, Francisco Muñoz (1925-2009), a quien se atribuye haber dirigido el nivel estético de muchas casas del pueblo, al que llegó a bordo de una moto Vespa, a principios de la década de los cincuenta del siglo pasado, además de velar por la protección de su conjunto histórico artístico.
En la hoy denominada como «Villa Tierra de Sabor» por la Comunidad de Castilla y León, en reconocimiento a su oferta turística ligada a la calidad agroalimentaria, Muñoz creó establecimientos como De Natura o Estaños de Pedraza, para dar trabajo a numerosos vecinos.
Por aquella época sólo existía la taberna de don Mariano, con más de 200 años de antigüedad, regentada por Mariano Pascual Martín, un histórico alcalde que ofrecía un aperitivo a base de queso y embutido, antes de pasar al lechazo, acompañado por ensalada, en el mesón Manrique, el único de la época, los martes, día de mercado.
Ya se habían rodado algunas películas, había pasado el Nobel Cela, para hablar de Pedraza y del pintor Zuloaga, quien compró el castillo, en 1926, pero no se tuvo una visión turística de este municipio de 450 habitantes hasta la apertura de una hostería, que formó parte de la Red de Paradores, en 1967.
Mientras calcula que pasarán por semana unos 3.000 turistas, el alcalde de la villa, Pedro Martín (PP), explica que de aquel único restaurante con un solo plato en la carta se ha pasado en torno a catorce, incluidos bares, unas dieciséis tiendas y comercios y diez hoteles y posadas.
Hostelero de profesión, Martín reconoce que la mayor parte de los visitantes van a comer lechazo, siempre con más éxito que el cochinillo, como ocurre en todo el corredor de la carretera N-110, hacia el nordeste, en dirección a Soria, a los pies del Guadarrama.
La crisis ha hecho mella en la cifra de visitantes, porque hay quien opina en el pueblo que no se reservan las mesas que hace diez años, aunque el alcalde se consuela asegurando que este año va mejor que 2013, el peor de la crisis a su juicio.
Y el público, principalmente procedente de Madrid, porque cuando «es fiesta en Madrid, también lo es en Pedraza», explica Martín a la vez que habla de muchas personas que proceden del País Vasco, Cataluña o Valencia, aparte de turistas extranjeros.
El pintor Rafael Sánchez Muñoz, que tuvo la iniciativa de montar una galería de arte, en 1981, resume que la evolución del turismo ha ido en sentido positivo, principalmente a raíz de los llamados «Conciertos de las velas», que han celebrado veintitrés ediciones, «que se han hecho más famosos que el cordero», matiza.
Desde su tahona, Pedro Díaz aboga por «cambiar el chip, porque con el boom se perdió el respeto al turista» y explica que «no vendíamos, sino que nos compraban todo nada más abrir la puerta. Ahora hay que aprender a vender».
Díaz, que trabaja el pan y la bollería basándose en la calidad y los productos naturales, como el proceso de fabricación, muy largo, opina que «hay que aprender a dar servicio» mientras propone más actividades culturales para atraer público, aunque el presupuesto municipal apenas supera este año el medio millón de euros.
De nuevo, estos días, la luz de 45.000 velas ha atraído a numeroso público que ha recorrido esta villa escenario de obras maestras del cine como «La aldea maldita», de Florián Rey; «Mister Arcadin», de Orson Welles, o «Delirios de grandeza», de Gérard Oury.
Unas empedradas calles de un conjunto muy bien conservado, sobre una roca y con una sola puerta de entrada y salida, que también recorrieron actores o actrices como Jeane Moreau, Bo Dereck, Christofer Lee, Richard Chamberlain o Ana Belén.
Aurelio Martín
