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Home»Noticias y Actualidad»Leonor Watling declara que le «da pereza» lo de la nacionalidad del cine
Noticias y Actualidad

Leonor Watling declara que le «da pereza» lo de la nacionalidad del cine

adminBy admin5 mayo, 2014

6224703wMadrid, 5 may (EFE).- La actriz Leonor (Ceballos) Watling, de padre español y madre británica, estrena el viernes que viene «Amor en su punto», una «gastro-comedia» rodada en inglés y dirigida por una española y un londinense que le gusta, le divierte, le parece «buenísima» y por ello, la recomienda. Sin más calificativos.

«Sinceramente, me da pereza lo de la nacionalidad del cine… Uno va a ver una película americana que no le gusta y no dice, ‘no me gusta el cine americano’ -reflexiona la madrileña hoy en una entrevista con Efe-, dice, ‘no me ha gustado la película'».

Y en ese sentido, abunda: «‘Carmina y amén’ es buenísima; ‘8 apellidos vascos’ es buenísima; ‘Amor en su punto’ es buenísima, y da igual de dónde sean».

«Reírse es importante y en estos momentos, fundamental. Nos hace falta reír y salirnos del mismo discurso triste», y así se explica el éxito de la taquillera «8 apellidos vascos», resume.

«Esta es diferente», precisa la actriz, que hoy promociona el estreno de la cinta junto a su compañero de reparto, el irlandés Richard Coyle, y los directores Teresa de Pelegrí y Dominic Harari, en un entorno de fogones, la escuela de cocina The Kitchen Club, en Madrid.

«Amor en su punto» transcurre en Dublín y cuenta una historia de amor entre un escritor gastronómico irlandés, Oliver (Coyle), cuyas relaciones afectivas duran, como máximo, seis meses, y una gestora cultural española, Bibiana (Watling) a la que conoce justo cuando descubre que el amor de su vida la ha engañado.

Los protagonistas no tienen nada en común y en lo fundamental, ni se aproximan: ella es una vegetariana comprometida con las buenas causas, y él sólo reacciona ante la buena comida.

«La historia se explica a través de la comida, es su campo de batalla y, a la vez, una metáfora de lo que les pasa en su interior», explica De Pelegrí, quien asegura que la película funciona por eso: «No me la imagino con un obseso de los zapatos».

La codirectora y Dominic Harari, con quien lleva trabajando desde 1994 (se conocieron en el máster de cine en la Columbia University), comparten el mismo sentido del humor. «Supongo que por nuestro amor en la vida real -apunta Harari- y porque nos gusta verlo en nuestras películas».

«Los dos pensamos que el humor nos permite reírnos de todo, que no hay límite y además es terapéutico, para nosotros y para el público», remata el británico, quien recuerda que se trata de una coproducción con Irlanda rodada en inglés, aunque en España se verá una versión doblada.

«Lo bueno es enfocar el lado universal (de la historia), lo que permite disfrutar desde cualquier cultura; aparte -precisa-, tenemos un gran afecto por ambas culturas y cuajan muy bien».

«Amor en su punto» tiene mucho de sátira, ironiza sobre un montón de tópicos y se mete por igual con los extremos gastronómicos, sociales y convencionales.

De Pelegrí sostiene que «una comedia tiene que ser capaz de hablar de todo, llevar las cosas al extremo, reírse de todo, y ya está».

Los productores esperaron a Watling, que tuvo tiempo de tener dos hijos mientras llegaba la financiación del film, porque «Bibiana era un papel perfecto para ella: muy cerebral y, a la vez, muy apasionada. Encontrar a Richard fue más difícil: necesitábamos esa duplicidad de niño-hombre, esa capacidad de humillarse y reírse de sí mismo y a la vez resultar muy atractivo», define la directora.

«Bibiana, pobre… -dice Watling con ternura-. Ella tiene un poco confundido el centro, es mucho más frágil de lo que yo pensaba cuando leí el guión. Hasta que no rodamos, no me di cuenta de que (…) era ella la que iba y venía. Está muy perdida y con muchas ganas de hacer algo importante, pero con tan poca autoestima que no cree que ella pueda ser quien lo haga, que ha de ser su pareja».

Cuando conocemos a Oliver, explica Coyle, es un crítico gastronómico «cuyo primer amor es la comida, y el segundo es él mismo». Pero conoce a Bibiana «y empieza a aprender cosas, cambia, evoluciona y, al final, es otra persona».

 

Por Alicia G. Arribas.

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