Las prostitutas de Ámsterdam se han levantado contra la reforma del Código Penal holandés, que contempla penas de cuatro años de prisión por proxenetismo para conductores y guardias de seguridad que colaboren con prostitutas no registradas. Fue el pasado 2 de junio, con motivo del Día Internacional de la Trabajadora Sexual, cuando celebraron una manifestación para protestar contra una ley que creen que las pone en peligro, porque castiga a cualquiera que obtenga un beneficio.

En el famoso Barrio Rojo de Ámsterdam, las mujeres que ejercen la prostitución han creado una comunidad en la que se cuidan entre ellas. Es mucho más seguro, explican, ejercer allí que hacerlo en cualquier descampado o aparcamiento, pero un plan del Ayuntamiento, con reglas más estrictas, ha provocado el cierre de casi un tercio de burdeles en los últimos diez años, como señalaba la agencia EFE.

Otra de las reivindicaciones de las prostitutas holandesas es la prohibición de las leyes FOSTA-SESTA, firmadas en abril por Donald Trump en Estados Unidos, y que contempla sanciones contra proveedores de Internet que permitan en sus páginas anuncios de prostitución. La medida afecta a webs que ofrecen este tipo de servicios, que engloba actividades como la de las escorts, que mueve mucho dinero en ciudades importantes como Barcelona.

La medida afecta ya a prostitutas europeas que ofrecen servicios online en Estados Unidos. Consideran que están siendo expulsadas de Internet, cuando es más seguro ejercer virtualmente.

El caso neozelandés como paradigma

Las prostitutas holandesas ponen de ejemplo a Nueva Zelanda, que en 2003 despenalizó la prostitución de forma total, además de establecer medidas de protección y no obligar a quienes ejercen la actividad a registrarse, como sí sucede en Holanda (con las trabajas que eso supone).

El portavoz del sindicato holandés PROUD recordó a EFE que los delitos contra las mujeres disminuyeron un 70%, y que Nueva Zelanda es el único sitio donde el trabajo sexual se ve realmente como un trabajo, está equiparado a los demás. El lado opuesto lo ocuparían países como Francia, Irlanda o Estados Unidos.

En Nevada, precisamente, las prostitutas están envueltas en una cruzada similar. Abogados y líderes religiosos se han unido para reclamar el cierre de los establecimientos legales, pero las trabajadoras advierten del peligro que supondrían llevar la actividad a las calles.

En los burdeles legales, defienden trabajadoras y gestores, las mujeres cuentan con libertad de horario para trabajar, fijan precios a su voluntad y desarrollan la actividad con seguridad, pues incluso cuentan con cámaras de seguridad y botones de pánico. Las mujeres reivindican su derecho a trabajar sin ser acosadas, al margen de la actividad que desarrollen. Y en la calle son más vulnerables.

Sus temores, claro, no son infundados. El II Informe sobre Prostitución elaborado por la Universidad de La Laguna a petición del Instituto Canario de Igualdad (ICI), revela que casi la mitad de la población encuestada, un 47,4%, cree que los hombres que acuden a la prostitución lo hacen para ejercer violencia contra la mujer.

Es decir, que hay quien busca el placer, satisfacer fantasías y divertirse, pero también quien desea ejercitar su hombría, iniciarse en el sexo o ejercer dominio.

Cierre de filas en torno a las mujeres

Incluso quienes se posicionan a favor de la abolición, defienden a las mujeres que ejercen la prostitución. Es el caso de Rosa Cobo, profesora de Sociología de la Universidad de La Coruña y autora del libro “La prostitución en el corazón del capitalismo”. El pasado mes de febrero, fue nombrada Comadre de Oro 2018 por la Tertulia Feminista Les Comadres, y a principios de este mes volvió a Gijón para dar una charla.

Cobo cree que los cambios no deben pasar por penalizar a las trabajadoras sexuales, sino por perseguir al putero y al proxeneta, como comentó a El Comercio. A día de hoy, dice, solo aquellos que tienen vínculos con el narcotráfico entran en la cárcel.

La profesora cree oportuno tomar medidas y espera que el gobierno de Sánchez se implique en la cuestión, más aún sabiendo que España es el país que más gasta en prostitución de toda la UE. Y Asturias es una de las comunidades que destaca en demanda.

Un negocio en auge

Lo de cerrar filas en torno a las mujeres tiene que ver con hacer un ejercicio de empatía, e incluso con practicar la sororidad. Cobo recuerda que la prostitución nació del patriarcado, pero que a mediados de los 80 se convirtió en un negocio internacional en manos del capitalismo neoliberal.

Es cierto que los motivos para ejercer la prostitución son diversos, como explican las onegés de Hong Kong. Allí preocupa que las escorts o las novias a tiempo parcial, que buscan captar clientes a través de las redes (la captación es ilegal, pero la prostitución no), sean cada vez más jóvenes.

La soledad, la curiosidad, los problemas familiares o de dinero están entre los motivos para ejercer, pero la pobreza o la coacción tienen mucho peso en todo el mundo para explicar que las mujeres se lancen a la actividad.