Madrid, 3 dic (EFE).- Más moderno y transgresor que muchos cineastas actuales, el cine y la personalidad de Basilio Martín Patino (Salamanca, 1930) buscan la mirada de las nuevas generaciones en «La décima carta», un documental de Virginia García del Pino que explora su trayectoria y su legado.
La película, que inaugura mañana el Festival Márgenes de cine independiente, en la Cineteca de Madrid, es también un homenaje al espíritu libre del autor de «Nueve cartas a Berta» (1966), su ópera prima con aires de Nouvelle Vague que obtuvo la Concha de Plata en San Sebastián.
«He hecho la película pensando en el público joven que no conoce el trabajo de Basilio. Para mi es muy importante que a las nuevas generaciones le den ganas de revisar su cine, que retrata toda una época que hemos querido olvidar y que se ha intentado tapar», señala a Efe su directora.
Innovador tanto en su discurso como en sus recursos narrativos -introducción de archivo en la ficción, subversión de las imágenes mediante el montaje o el sonido-, sus películas nunca han dejado de ser «populares» y de buscar «la empatía» del espectador.
Entre sus mejores trabajos destacan títulos como «Querídisimos verdugos» (1973), un perturbador acercamiento a tres de los últimos ejecutores de sentencias de muerte en España, que con toda naturalidad cuentan a cámara e incluso recrean los detalles del funcionamiento del garrote vil.
O «Canciones para después de una guerra» (1971), que junto a la anterior y a «Caudillo» (1974) forman la llamada «trilogía clandestina» del realizador salmantino, rodadas durante el franquismo y no estrenadas hasta después de la muerte del dictador.
«Él dice que las películas que hizo en clandestinidad, con dos amigos y casi sin medios, fueron las que mas disfrutó, porque las hizo en completa libertad. Estaba harto de lidiar con la censura», señala García del Pino.
«Hacía cine porque le apetecía, sin ninguna pretensión, y en esas ganas de hacer también puede conectar con la juventud actual», añade la documentalista barcelonesa.
Desde el punto de vista formal, el documental también incluye guiños a Martín Patino, que siembre ha dicho desconfiar de las películas que, con un voluntarismo excesivo, intentan sentar cátedra desde el testimonio y la documentación de la realidad.
Por eso, García del Pino no hace una entrevista ortodoxa al autor -usa material de archivo- y se limita a acompañarlo, en su casa o en su estudio, y a explorar en su memoria a través de libros, material fílmico y otros objetos que le rodean.
Estrenada durante el pasado festival de San Sebastián, «La décima carta» comienza en la Cineteca de Matadero su andadura en salas, que proseguirá en Barcelona, Girona, Valencia, Mallorca, Granada, Málaga o Córdoba, entre otras ciudades.
El documental inaugura la serie «Cineastas Contados», inspirada en la francesa «Cineastes de Notre Temps», de André S. Labarthe y Janine Bazin, y propone un «diálogo intergeneracional» para contribuir a la alfabetización cinematográfica.
En próximas entregas está previsto que Borja Cobeaga se acerque a Enrique Urbizu, Javier Rebollo a Francisco Regueiro, Félix Viscarret a Carlos Saura, Jonás Trueba a José Luis García Sánchez, y Daniel Sánchez Arévalo a Pedro Almodóvar, entre otros.
Por Magdalena Tsanis
