Ginebra, 25 jun (EFE).- La soprano española Ainhoa Arteta ha cerrado su temporada operística en Suiza con «La Wally», una partitura exigente de la que ha salido airosa, mostrando que ha alcanzado una madurez vocal y expresiva que, a la vez, le permite entender cuándo debe dar un paso atrás, por difícil que sea.
El Teatro de Ginebra le ofreció el pasado febrero el rol de «Wally», la heroína en la opera del mismo nombre del italiano Alfredo Catalani y quien lleva el peso de esta nueva coproducción con la Opera de Montecarlo, una tarea que ha cumplido con gran éxito a decir de la crítica y el público helvéticos.
Arteta canceló este año su compromiso en «Los cuentos de Hoffmann» en el Teatro Real de Madrid, una decisión que explica por la necesidad de dar tregua a su voz, luego de acometer, por primera vez en su carrera, cinco nuevos roles de ópera en un sólo año.
«Es verdad que a veces se firman cosas con dos o tres años de antelación, pero cuando tienes que abordar la partitura estás en un momento de cansancio… somos humanos. Hay teatros que lo entienden y otros que no», dice en una entrevista con Efe.
«Estoy convencida de que esta carrera está más hecha de ‘noes’ que de ‘síes’ y cuando llegan estas circunstancias hay que ser egoístas porque la que manda es la voz», señala.
Considera que tomar decisiones difíciles como esa es «un ejercicio de honestidad para el público y para el teatro» porque a veces «por no quedar mal, uno se ve en una situación en la que, vocalmente, no está a tope».
«En estos casos siempre es mejor una retirada a tiempo», reflexiona la artista, quien ha pasado un mes y medio en Ginebra ensayando con el director italiano Evelino Pidò el papel de Wally, cuya partitura tuvo que aprender en el tiempo récord de un mes.
Arteta niega ser una persona «de cancelar» compromisos. Aclara que cuando un cantante se ve obligado a hacerlo «el que más sufre es él mismo», y reafirma su respeto por el Teatro Real y por la calidad de su personal.
«Ahora ha llegado una época nueva y quiero creer que con (Joan) Matabosch (director artístico) será una cuestión puntual, pero si no es así, esperaré con paciencia que artísticamente me quiera dar algo en el Real», señala.
Este año artístico ha sido «excepcional» desde varios puntos de vista para Arteta, que ha pasado de afrontar como máximo dos a tres personajes nuevos cada año a incorporar cinco grandes personajes en su repertorio.
«Es muy inusual, pero estoy contenta porque he sobrevivido al reto. Las cosas se han presentado así porque la voz es un instrumento. Yo vengo de ser una soprano ligera que ha evolucionado con la edad y la madurez, y ahora me encuentro en un estado en el que puedo con papeles spintos, para los que hay demanda en el mercado», explica.
Sin embargo, a la soprano le apetece ahora estar dedicada en los próximos meses a conciertos y recitales, que corresponden al «ritmo normal» que llevaba en los últimos años, con dos o tres operas por año, y que le permite estar más presente en casa.
En el ámbito de la opera, le provoca un entusiasmo instantáneo el papel de Tatiana en «Eugenio Oneguin», un trabajo que le ha demandado un enorme trabajo en la incorporación del ruso a su repertorio y con el que tiene previsto llegar el próximo año a Sao Paulo (Brasil).
La música rusa le fascina tanto que Arteta planea incorporar a sus recitales los romances de Serguéi Rajmáninov.
Entre los roles operísticos que tiene «en retaguardia», como ella misma lo dice, destacan los de Madame Butterfly y Minnie en «La fanciulla del West», ambas del compositor Giacomo Puccini, a los que llevaba diciendo no, pero que ahora «creo que ya estoy en el momento de poder aceptarlos».
Isabel Saco.
