Lisboa, 25 mar (EFE).- El tanguero argentino Daniel Melingo presentó hoy en Portugal su nuevo álbum titulado «Lynchera», un disco con el que su autor sedujo a los lisboetas con ritmos y melodías características de la música más tradicional de su país.
«El tango es un mosaico, es una música permeable que bebe de muchas influencias porque fue creado mediante la mezcla de las diferentes culturas que llegaron a Buenos Aires», comentó el artista en una entrevista con Efe en la Casa de América Latina de la capital lusa, donde fue presentado el disco.
Con cerca de 50 minutos de duración divididos en doce temas, «Linyera» está considerado por su creador como su «mejor álbum», ya que ha sido capaz de añadir a la canallesca melodía popular de Argentina ritmos brasileños y caribeños, entre otros.
Melingo (Buenos Aires, 1957) quiere romper así con el mensaje de aquellos que defienden la pureza en este estilo musical y aboga por la variedad para fortalecer la riqueza de este ritmo argentino.
«No voy a cerrarme ninguna puerta sin saber lo que hay al otro lado, prefiero experimentar, jugar y ver qué es lo que sale», aseguró.
«Vagabundo» o «pobre» es el significado en español del título de su disco «Lynchera», palabra procedente del «lunfardo», una jerga bonaerense que mezcla italiano y español empleada por delincuentes y muy característica del tango.
Para el artista, ese tipo de «pobre argentino» que recorre ambientes sórdidos es un personaje muy «tanguero», por lo que decidió homenajear a este arquetipo con el título del álbum.
«Si tuviera que resumir el contenido del álbum en una imagen sería el atillo que lleva sobre el hombro un pobre que deambula por las calles de Buenos Aires», juzgó entusiasmado el músico.
Esta no es la primera vez que el argentino visita Portugal, un país que musicalmente le encanta debido a las nostálgicas notas y a la cadencia de la melodía más tradicional del país luso: el fado.
Melingo cree que éste es el estilo «más auténtico» de la península Ibérica que algunos palos flamencos, ya que, en su opinión, ritmos como «las sevillanas» o la «rumba» beben más de la cultura árabe o de los errantes ritmos pueblo gitano, originarios del sureste asiático.
«Veo al fado como una música más netamente única de la península, mientras que hay partes del flamenco que parecen más próximas a otras latitudes del globo», defendió.
El porteño, quien, además de cantar, toca el clarinete durante los conciertos, se sube a los escenarios siempre flanqueado por otros cuatro músicos, que le acompañan con un piano, un contrabajo, el característico bandoneón y una guitarra eléctrica, entre otros instrumentos.
Después de su parte preferida, la de «cocinar el disco» -en alusión a su grabación-, ahora le toca pasar a la segunda fase, la de presentar las canciones al público en los conciertos.
«De las actuaciones, me interesa la repetición del espectáculo una y otra vez porque nunca vuelves a hacer lo mismo y te permite sentirte más seguro a la hora de improvisar», afirmó el cantante.
Sin embargo, reconoció que lo que más le enriquece es el estudio porque allí puede jugar con las canciones, añadir matices, experimentar y dar «diferentes sabores a su música».
El argentino actuará en Oporto el día 30 de marzo y el día 31 del mismo mes lo hará en el Centro Cultural de Belém situado en la capital de Portugal.
En las próximas fechas, tiene previsto viajar luego a Alemania, Reino Unido, Francia y finalmente cerrará su gira europea con un concierto en Bélgica.
Por Adrián Espallargas
