Tirana, 3 nov (EFE).- Tirana, la capital de Albania, con su individualismo de profundos contrastes, el dinamismo de los más jóvenes y la marcha nocturna esconde muchas sorpresas para los turistas que llegan a este pequeño país balcánico en busca de nuevas experiencias.
La ciudad carece de estación de tren, pero sus calles están repletas de coches lujosos al estilo de Beverly Hills, en Los Ángeles, al mismo tiempo que se pueden ver manadas de perros callejeros husmeando en la basura.
Desde sus bellas terrazas a pie de calzada, envidiadas por los hoteles más exclusivos del mundo, se puede percibir la fragancia de los perfumes más refinados que envuelve a las mujeres que pasean por la acera, entremezclada con el aire más contaminado de Europa.
Los grandes edificios que albergan las tiendas de moda de las mejores marcas extranjeras contrastan con la masa de edificios grises de la época comunista y los pequeños palacetes en ruinas heredados del pasado.
En esta ciudad, la ya olvidada uniformidad arquitectónica de la época del comunismo ha dejado paso a los grandes contrastes que genera la sociedad de consumo.
Tras el largo aislamiento impuesto por la dictadura comunista más férrea de Europa (1945-1991) y una difícil transición democrática, Albania se está convirtiendo en una emergente atracción turística aconsejada por prestigiosas guías de viaje e importantes diarios internacionales.
Tirana, que a finales del comunismo contaba con 250.000 habitantes, ha triplicado su población durante los últimos dos decenios con los miles de ciudadanos que se trasladaron a la capital en busca de trabajo y de una vida mejor.
La vitalidad de esta nación de 2,8 millones de habitantes, tres cuartos de la cual tiene menos de 30 años, y su valor de embarcarse en nuevos proyectos pese a la precariedad, la distinguen de los demás pueblos europeos amenazados por la crisis y el envejecimiento.
El barrio más agitado es, sin duda, el antiguo Blloku, donde vivía la nomenclatura comunista y la familia del dictador estalinista Enver Hoxha, actualmente la zona de moda de Tirana, pues cuenta con un gran cantidad de bares, cafeterías y restaurantes de diversos estilos.
Los precios de una botella de cerveza, un vaso de vino o un cóctel rondan los 3 o 4 euros, la mitad de lo que gana un albañil en un día.
En sus estrechas calles, hombres jóvenes pasean sus lujosos Bentley, Jaguar, Porsche Panamera o Chevrolet Corvette para seducir a las chicas que, vestidas a la última moda, observan el ir y venir desde los bares y cafeterías que coronan las aceras.
El restaurante español «Hola» de Francisco Arriola, famoso por ser uno de los concursantes del programa de cocina Masterchef, es el más nuevo que se ha sumado a otros locales como Whisky Bar, Radio, Capriccio o Big Ben, frecuentados sobre todo por jóvenes.
En días de verano la marcha es continua de día y de noche, ya que la música no para de sonar y convierte la zona en una gigantesca discoteca al aire libre en pleno corazón de la ciudad.
«Las chicas no saben distinguir el día de la noche. Siempre las ves con altos tacones, minifaldas o botas fluorescentes como en las pasarelas de Milán», dice a Efe Fatmir, que vende cigarrillos en la calle, enfrente del bar «Vogue», desde hace 15 años.
Afirma que recientemente el barrio sirve de imán no sólo para la juventud albanesa, que pasan horas enteras en los cafés, sino también para extranjeros, entre los que destaca a los italianos.
Se calcula que unos 19.000 italianos han abandonado su país por la crisis económica y han emigrado a la pobre Albania, donde el salario mínimo es de 160 euros, para estudiar o buscar trabajo.
Según la Organización Mundial del Turismo, unos tres millones de turistas visitaron Albania durante los nueve primeros meses de 2014.
Mimoza Dhima
