Barcelona, 23 may (Barcelona).- Uno de cada tres pacientes diagnosticados en las primeras fases de Alzheimer se considera autosuficiente, con capacidad plena para realizar las tareas diarias y no es consciente de su enfermedad.
Esta falta de conciencia de la enfermedad y de sus déficits es un trastorno que recibe el nombre de anosognosia y que, según los médicos, tiene consecuencias negativas en el paciente y sus familias.
La anosognosia en el Alzheimer ha sido uno de los asuntos tratados hoy en las XIX Jornadas de Psicogeriatría, organizadas por el Hospital Sagrat Cor de Martorell, y que reúnen, entre hoy y mañana en el Hospital Sant Rafael de Barcelona, a más de 150 profesionales de todo el mundo.
La presencia de este trastorno en las personas con Alzheimer está asociada a la gravedad de la demencia, de manera que cuanto mayor es el deterioro cognitivo menos consciente es el paciente de sus limitaciones.
Así, si la prevalencia de la anosognosia en estados iniciales de la enfermedad se sitúa en torno al 20 %, en fases más moderadas aumenta hasta llegar a más de la mitad y, cuando la demencia es grave, la pérdida neuronal y el deterioro cognitivo asociado conllevan que sea difícil distinguir anosognosia y el déficit en sí.
Según los expertos, este trastorno tiene repercusiones en el diagnóstico del Alzheimer y en su tratamiento.
El doctor Oriol Turró, de la Unidad de Investigación del Instituto de Asistencia Sanitaria de Girona, ha explicado que «la presencia de anosognosia en las fases iniciales de la enfermedad puede implicar un retraso en el acceso a servicios médicos especializados por la negación por parte del paciente de la existencia de dificultades en su rutina diaria».
«También puede conllevar la oposición del enfermo a seguir el tratamiento, llegando a esconder la medicación y negándose a asistir a las visitas médicas, en algunos casos», ha afirmado Turró.
Según los médicos, las personas con Alzheimer y anosognosia pueden tener conductas de riesgo para el paciente y para terceros, como conducir o salir a pasear lejos de las zonas habituales, así como acciones de compraventa impulsivas, entre otras.
También han destacado que las repercusiones de este trastorno provocan que los cuidadores tengan que dedicar más tiempo a la supervisión y asistencia del enfermo y que, a menudo, deban enfrentarse a él, por ejemplo, para que se tome la medicación.
Esta situación conlleva, a largo plazo, un incremento de los costes emocionales, físicos y económicos de los cuidadores.
«Por esta razón es necesario capacitarles con estrategias y habilidades para el manejo conductual del paciente y prestarles el asesoramiento necesario para no incrementar la carga que ya de por sí implica la propia enfermedad», ha indicado Turró.
Francesca Amores, psicóloga del Hospital Sagrat Cor de Martorell, ha explicado que la evaluación neuropsicológica de la anosognosia «se puede realizar valorando las discrepancias entre la estimación que hace el paciente de su rendimiento en una prueba y el resultado real obtenido».
También son relevantes las diferencias entre la valoración del enfermo de las tareas que lleva a cabo en casa y la del cuidador.
«En ambos casos, a mayor discrepancia de opiniones entre paciente-cuidador, menor conciencia del déficit por parte del paciente», ha dicho Amores.
La psicóloga ha destacado que han observado que existe una correlación inversa entre la presencia de anosognosia y de depresión, ya que cuando una persona no tiene conciencia que padece Alzheimer muestra mejor estado anímico y tiene una más calidad de vida que cuando conoce las limitaciones de su enfermedad.
