Madrid, 26 feb (EFE).- Después de hablar del exorcismo en «Réquiem» y de los crímenes de guerra bosnios en «Storm», el alemán Hans-Christian Schmid emprende su viaje más personal en «¿Qué nos queda?», un drama sobre las dificultades de mantener a una familia unida al cabo de los años.
La idea que prendió la mecha de la película, su tercer trabajo junto al guionista Bernd Lange, fue constatar lo difícil que es para un treintañero emancipado vivir lejos del hogar paterno y pasar dos o tres fines de semana al año en casa sin acabar discutiendo.
«No conozco a nadie que vaya a casa de sus padres un par de días y me diga que estuvo bien», señala el cineasta a Efe en una entrevista telefónica desde Berlín.
«Y es raro, porque ambas partes quieren divertirse, todo el mundo desea verse, pero quizá las expectativas son tan altas que es difícil no salir decepcionado o caer en viejos roles de infancia», añade.
«¿Qué nos queda?» arranca cuando Marko, un joven escritor con un hijo pequeño, viaja a visitar a sus padres, y, durante el almuerzo, su madre (Corinna Harfouch), que sufre un trastorno maniaco depresivo, les informa de que ha decidido dejar las pastillas que lleva años tomando.
El anuncio desata reacciones contrapuestas por parte de Marko (Lars Eidinger), su hermano Jakob (Sebastian Zimmler) y el padre, Günter (Ernst Stözner), y hace aflorar distintos secretos personales que alteran el delicado equilibrio familiar.
«Marko es un héroe atípico», admite Schmid. «Si le preguntas, qué quiere, responde que nada, sólo un fin de semana tranquilo. Y sin embargo, se encuentra ante una situación inesperada que le exige reaccionar».
El catalizador es esa enfermedad materna que el director también utiliza como metáfora de un drama generacional que afecta a muchas mujeres.
«Teníamos la impresión de que muchas mujeres a esa edad y en esa situación, con un marido como Günter y dos hijos crecidos y fuera de casa, tienen problemas para encontrar una buena vida para sí mismas, porque han renunciado a muchas cosas para educar a sus hijos», señala.
Con respecto al título, el director explica que puede tener distintas lecturas. Es una pregunta que el espectador se hace cuando la familia se desmorona, y también remite a una frase que pronuncia Gitte: «Si quieres a alguien, tienes que dejarle ir. Si vuelve, se quedará».
Lo que seguro permanece, después de la experiencia, es la colaboración de Schmid con el guionista Bernd Lange, cuya primer trabajo juntos fue «Réquiem», premiada en la Berlinale en 2006.
De hecho, ya están trabajando en el guión de una miniserie criminal de ocho episodios para la televisión alemana sobre una madre que busca a su hija desaparecida en una pequeña ciudad bávara.
«Es un experimento para nosotros, a ver qué pasa», señala. «Si fuera una película de cine de 90 minutos, sería la típica historia de ‘alguien busca a alguien’, pero lo interesante es ver cómo contar las historias secundarias de toda la gente que vive en el pueblo y sus conexiones con la principal», afirma.