(dpa) – ¡Quién no conoce a Billy! O mejor dicho… una Billy. Se trata de una estantería de Ikea que prendió como la pólvora. ¿Alguien sabe por qué se llama así? Muchos muebles llevan un nombre. Algunos alcanzan una fama inusitada en la historia del diseño, otros se convierten en un producto muy popular y otros caen rápidamente en el olvido. Repasemos algunos de los que más llamaron la atención.

Billy, del fabricante sueco de muebles Ikea, lleva el nombre de Billy Liljedahl. En realidad fue su compañero Gillis Lundgren el que diseñó el mueble en 1979 para Liljedahl. En aquel momento, según cuenta la historia, Billy estaba necesitando una «buena» estantería, algo que le fuera realmente útil, y se la encargó a Lundgren. Hoy el diseño cumple 40 años y este famoso mueble se produce unas 4,5 millones de veces al año.

Con el tiempo se volvió tan popular que en 1992 Ikea fue blanco de protestas cuando decidió dejar de fabricarla. «Nos insultaron. Nos alabaron. Finalmente nos sobornaron y lo lograron: Billy ha vuelto», decía el comercial de Ikea poco después de que la empresa reanudara la producción.

Muchos muebles tienen este tipo de historia, y algunos suelen ser una especie de testigos de toda una época. Muchos hicieron furor porque de algún modo condensaron las posibilidades que ofrecían los nuevos materiales y sus nuevas aplicaciones en la producción.

Un buen ejemplo es la silla 214 de la firma Thonet del siglo XIX. El modelo fue vendido 50 millones de veces sólo hasta 1930 y fue copiado exponencialmente. Actualmente casi todos conocen la 214 aunque no lo sepan: es el diseño que en algunas partes se conoce como «silla vienesa».

Es de madera, de líneas sencillas, y tiene la superficie para sentarse de esterilla. Se la vio en cientos de cafés y restaurantes, por ejemplo en el café de la Torre Eiffel en París. Cuenta la leyenda (difundida por el propio Thonet) que una de estas sillas cayó en 1889 desde una altura de 57 metros y no sufrió ningún daño.

El diseño data del año 1859. Fue una creación del maestro carpintero germano-austríaco Michael Thonet, que logró dar elasticidad a cortes largos y rectos de madera aplicando presión y calor por medio de vapor. Fue la piedra fundamental para poder producirla en serie y en masa. La silla, actualmente, sigue siendo producida de la misma manera que por entonces.

Hay otra silla que muchísimas personas tienen en casa, sea en original o en copia: la superficie del respaldo y la zona para sentarse están compuestas de una pieza de plástico y esa pieza está colocada sobre unas patas finas de madera o de metal. Son las «plastic chairs» concebidas por una dupla de diseñadores estadounidenses, Charles y Ray Eames.

Los diseñadores entregaron su propuesta en 1948 en un concurso de diseño de muebles económicos. Querían ofrecer una silla que pudiera ser fabricada industrialmente y ser utilizada en el ámbito privado. Como la versión original con zona alta de metal era demasiado costosa, buscaron alternativas más baratas y se toparon con la resina de poliéster reforzada con fibra de vidrio, que comenzó a venderse a partir de 1950.

Según la compañía Vitra, fueron las primeras sillas de plástico que fueron fabricadas en forma serial. Tras una breve pausa, volvieron a ser fabricadas en los años 90 con polipropileno, que resulta más económico y más ecológico que la fibra de vidrio.

La primera silla que fue fabricada completamente en una única pieza de plástico fue la Panton Chair, también de Vitra. Su desarrollo llevó un tiempo extraordinario. Si bien el diseño ya existía en la década del 50, no se fabricó hasta 1999 tal como había sido pensada. Eso fue, lamentablemente, posterior a la muerte de su diseñador, el danés Verner Panton (1926-1998).

El problema era el plástico. Vitra decía que era un «desafío casi imposible» hacer confluir la forma tal cual la había concebido su diseñador con las posibilidades que existían por ese entonces en el trabajo con plástico.

Y ese fue un problema que persistió hasta los 90. Fue realmente sólo en 1999 que se logró una solución tal como la había pensado Vernon Panton desde un primer momento. Y entonces, gracias a un nuevo procedimiento de inyección de polipropileno, se pudo fabricar la silla a un precio accesible.

Las sillas han marcado innumerable cantidad de veces la historia del diseño. Otro caso fue el de la Tulip Chair del diseñador estadounidense de origen finlandés Eero Saarinen para Knoll International. O el de la mesa que llevaba el mismo nombre. Su forma alude de algún modo a una tulipa. La parte superior es sostenida por una única pieza que tiene un pie que se va ensanchando en la parte baja.

El creador dijo en su momento que, con este diseño, quería ponerle un punto final «al mundo espantoso, confuso y desasosegado» que se manifiesta sobre todo en la zona de los pies de mesas y sillas.

El diseño le llevó cinco años. Hoy esos muebles están entre los clásicos. Tanto la mesa como la silla fueron copiadas innumerables veces, y todos tenemos su forma en la retina. Las hemos visto. Sólo desconocíamos su historia. Knoll Intnernational siguió produciendo la Colección Pedestal desde 1958 sin parar.

Por Simone Andrea Mayer (dpa)