Las plantas de interior aportan vida, color y frescura a cualquier hogar. Mejoran la calidad del aire, reducen el estrés y crean ambientes más acogedores. Sin embargo, muchas personas se sienten incapaces de mantener plantas vivas, convencidas de que no tienen «buena mano» con ellas. La realidad es que la mayoría de plantas de interior son resistentes y requieren cuidados sencillos. El problema suele estar en el exceso de atenciones o en desconocer las necesidades básicas de cada especie.

Luz adecuada
La luz es fundamental para las plantas, pero no todas necesitan la misma cantidad. Algunas especies tropicales prosperan con luz indirecta y se queman si reciben sol directo, mientras que otras, como los cactus, requieren luz intensa para desarrollarse correctamente.
Antes de colocar una planta en un lugar determinado, conviene informarse sobre sus necesidades lumínicas. Las ventanas orientadas al sur reciben más luz durante el día, las orientadas al norte son más sombrías. Si una planta estira sus tallos excesivamente, tiene hojas pálidas o crece lentamente, probablemente necesita más luz. Si las hojas se queman o se vuelven amarillas en las zonas expuestas al sol, puede estar recibiendo demasiada.
Riego: menos es más
El exceso de riego es la causa más común de muerte de plantas de interior. Las raíces necesitan oxígeno además de agua, y un sustrato permanentemente encharcado las asfixia y pudre. La mayoría de plantas de interior prefieren que la tierra se seque ligeramente entre riegos.
La frecuencia de riego depende de varios factores: tipo de planta, tamaño de la maceta, temperatura ambiente, humedad y luz. No existe una regla universal de «regar cada X días». Lo mejor es comprobar la humedad del sustrato introduciendo un dedo unos centímetros. Si está seco, se riega. Si está húmedo, se espera.
Cuando se riega, debe hacerse abundantemente hasta que el agua salga por los agujeros de drenaje. Así se asegura que toda la tierra se humedece. El agua sobrante del plato debe retirarse para evitar que las raíces queden en contacto con ella.
Temperatura y humedad
La mayoría de plantas de interior se adaptan bien a las temperaturas de una vivienda, generalmente entre 18 y 24 grados. Sin embargo, muchas sufren con calefacciones o aires acondicionados que resecan excesivamente el ambiente.
Las plantas tropicales, que son muchas de las que se cultivan en interior, aprecian cierta humedad ambiental. Pulverizar agua sobre las hojas ocasionalmente, agrupar varias plantas juntas para que creen su propio microclima o colocar recipientes con agua cerca ayuda a aumentar la humedad.
Evitar corrientes de aire frío o caliente también es importante. Una planta situada junto a una ventana mal aislada en invierno o directamente bajo un aparato de aire acondicionado en verano sufrirá estrés.
Sustrato y abono
Las plantas en maceta tienen recursos limitados. El sustrato se agota con el tiempo y necesita ser renovado o complementado con abono. Durante la primavera y el verano, que son las épocas de crecimiento activo, conviene abonar regularmente siguiendo las indicaciones del fabricante del producto elegido.
Existen abonos líquidos que se diluyen en el agua de riego y abonos sólidos de liberación lenta. Ambos son válidos. Lo importante es no excederse: demasiado abono quema las raíces y daña la planta.
Cada cierto tiempo, especialmente si la planta ha crecido mucho o las raíces salen por los agujeros de drenaje, conviene trasplantarla a una maceta ligeramente más grande con sustrato fresco.
Limpieza y observación
Las hojas acumulan polvo que dificulta la fotosíntesis. Limpiarlas ocasionalmente con un paño húmedo ayuda a la planta y mejora su aspecto. También es el momento de revisar posibles plagas o enfermedades.
Observar las plantas regularmente permite detectar problemas a tiempo. Hojas amarillas, manchas, insectos, telarañas o cambios en el aspecto general son señales de que algo no va bien. Actuar pronto facilita la solución.
Mantener plantas de interior no requiere conocimientos de botánica avanzada. Con luz adecuada, riego moderado, algo de humedad y atención regular, la mayoría de especies prosperan sin dificultad. El secreto está en conocer las necesidades básicas de cada planta y respetar sus ritmos naturales.