Río de Janeiro, 18 feb (EFE).- El director brasileño José Padilha presentó hoy en Río de Janeiro su nueva versión de Robocop, una cinta en la que se mantuvo fiel a la versión original «en las ideas pero no en la forma» y en la que la crítica política tiene un papel fundamental.
Así lo aseguró durante una rueda de prensa celebrada hoy y en la que añadió que a la hora de afrontar el proyecto «ignoró las expectativas de los aficionados» de la saga porque cada uno tiene sus propias perspectivas y es imposible «satisfacer a todos».
Con esa idea como base intentó desarrollar una película en la que tuvieran cabida «otras cosas» como la política, la actividad en el exterior de Estados Unidos, la situación de los medios de comunicación o la actuación de las grandes corporaciones.
Todo ello sin perder de vista el debate que se abre en la saga original y en la que «se discute la diferencia entre hombre y máquina».
Esta discusión está muy vinculada a la realidad a través de la cinta por el uso hecho por Estados Unidos de drones no tripulados en el exterior y de la posibilidad que se plantea en el trabajo de Padilha de que sean utilizados en el interior del país.
Preguntado por la presencia de violencia en la película, Padilha, aseguró que esta «no tiene valor en sí en un filme, sino que tiene que tener coherencia» dentro del propio trabajo.
José Padilha afronta con Robocop su primera película hecha en Estados Unidos tras el éxito cosechado en el mercado brasileño y la trascendencia de sus películas previas en el exterior, todas ellas con un marcado carácter social y político
Para ponerse al frente del proyecto, según explicó, planteó a los directivos de la productora que estaban planteando opciones que quería trabajar con la nueva versión de Robocop.
«Estaba en una reunión, me mostraron varios proyectos y todos me interesaban, pero detrás de uno de ellos tenían un afiche de Robocop y dije: quiero hacer ese», comentó.
La dirección de Padilha fue fundamental para que Joel Kinnaman, que encarna al robocop en la nueva película, se decidiese a unirse al proyecto por «el fuerte matiz político y social» de su trabajo previo, aseguró.
Kinnaman aseguró que el trabajo fue un gran desafío al no poder recurrir al lenguaje corporal como en otra actuación, pero que intentó dotar su interpretación de «movimientos superhumanos» con gestos que observó de la interpretación original como «mover primero la cabeza y luego los hombros».
El actor, que aseguro haber visto 20 o 25 veces la película original cuando era un niño y recordó que su madre pensó que tenía «psicosis de Robocop», se mostró especialmente interesado en la interpretación del personaje porque «es muy complejo».
Para Michael Keaton, que interpreta el papel del villano en la película, la presencia de Padilha también fue un punto fundamental a la hora de sumarse al proyecto.
«Es que él es incapaz de hacer algo ordinario, no está en su ADN», comentó el actor que ya encarnó al superhéroe Batman en la gran pantalla.
Asimismo, aseguró que se trata de una película «filosóficamente y emocionalmente muy profunda», lo que también le animó a sumarse al proyecto.
«Desde luego Batman no estaba a ese nivel», concluyó.