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La rutina de mirar las redes de otros

adminBy admin25 septiembre, 2026

Mirar las redes sociales de otros se ha colado en la rutina diaria de muchos personas, casi sin darse cuenta, aunque el mismo móvil permite ser protagonista, creador o no solo espectador.

La rutina de mirar las redes de otros
Foto: 123rf.com

El primer gesto del día para muchas personas ya no es abrir los ojos y estirarse, es coger el móvil y deslizar el dedo por una pantalla llena de vidas ajenas. Un viaje que no es el propio, una comida que no se ha cocinado, un logro que ha alcanzado otra persona. Ese repaso silencioso se ha instalado en la rutina diaria con la misma naturalidad que cualquier otro hábito matutino.

Informarse, entretenerse o simplemente mirar

No todo el mundo abre las redes por el mismo motivo. Hay quien busca noticias, otras personas simplemente quieren desconectar un rato antes de empezar el día, y hay también quien entra sin ningún propósito concreto, solo porque el gesto de abrir la aplicación se ha vuelto casi automático. Los tres motivos conviven, muchas veces en la misma persona según el momento del día, e incluso pueden alternarse en una sola sesión de pocos minutos.

Nada de esto tiene por qué ser un problema en sí mismo. Informarse de lo que ocurre, entretenerse un rato o simplemente curiosear la vida de conocidos forma parte de cómo se relaciona hoy mucha gente con su entorno. El asunto no es tanto el gesto en sí como la cantidad de tiempo que termina ocupando sin que nadie lo haya decidido conscientemente.

Ver la vida de los demás no es obligatorio

Aunque el hábito esté extendido, conviene recordar algo sencillo: no hace falta ver la vida de los demás para vivir la propia con normalidad. Nadie necesita saber qué ha desayunado un conocido lejano o dónde ha pasado el fin de semana alguien con quien apenas se habla. Esa información puede resultar curiosa, incluso entretenida, pero no es necesaria para nada concreto.

El problema aparece cuando ese repaso constante sustituye a otros momentos del día, o cuando se convierte en el primer y último gesto de la jornada sin que medie ninguna decisión real. No se trata de dejar de mirar, sino de hacerlo porque apetece en ese momento, no porque el dedo ya sabe el camino sin que la cabeza participe demasiado. Distinguir entre las dos cosas no siempre es sencillo, precisamente porque el gesto se ha vuelto tan automático que apenas se nota cuándo empieza.

El móvil también sirve para lo contrario

Ese mismo dispositivo que permite pasar horas mirando la vida de otros ofrece, al mismo tiempo, la posibilidad de hacer justo lo contrario: grabar, fotografiar y compartir la propia. Con una cámara siempre a mano, cualquiera puede documentar un momento, una idea o un proyecto sin necesidad de ningún equipo adicional ni conocimientos técnicos complejos.

Ese paso, de mirar a mostrar, no es obligatorio ni mejor por definición. Hay quien prefiere quedarse como espectador, y es una decisión igual de válida que la contraria. Pero quien sí siente esa inquietud de compartir algo propio —una afición, un oficio, una forma particular de ver las cosas— tiene ahí una puerta abierta que antes exigía muchos más recursos: una cámara cara, conocimientos de edición, algún tipo de contacto en el sector.

Construir algo propio, si se quiere

Hablar de «marca personal» suena a veces más complicado de lo que es en realidad. En el fondo se trata de mostrar con cierta constancia aquello en lo que uno destaca o disfruta, y dejar que ese contenido encuentre a quien le interese. No hace falta un plan elaborado desde el primer día, ni resultados inmediatos: basta con empezar a publicar algo propio en lugar de limitarse a consumir lo ajeno.

Quien da ese paso suele descubrir, además, que cambia la forma de mirar las redes en general. Ya no se trata solo de consumir lo que otros muestran, sino de pensar también en qué merecería la pena compartir, qué momento del propio día tendría sentido contar. Ese cambio de perspectiva, aunque pequeño, transforma bastante la relación con el propio móvil.

Pasar de espectador a protagonista no es una obligación ni una meta que todo el mundo deba plantearse. Es, simplemente, una opción que está ahí, disponible con el mismo dispositivo que hasta ahora solo servía para mirar hacia fuera.

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