Una piscina en el centro termal, un sitio perfecto para recuperarse de los trajines cotidianos. Foto: Oliver Franke/Tourismus-Zentrale St. Peter-Ording/dpa-tmn

(dpa) – Cuando uno quiere tomarse unos días de pura distensión y relax, los ambientes y el modo en el que están dispuestos los interiores son el primer elemento decisivo: al llegar a un hotel o ressort ya podemos decir si sentimos cómo la tensión se disipa y uno suelta, por fin, todo el peso que lleva encima o no. Eso es exactamente lo que uno siente en las termas de San Peter-Ording, en el norte de Alemania. Sus enormes ventanales abren el horizonte hacia una playa infinita que infunde una profunda serenidad.

Las estadías de relax y wellness son todo un boom en la región. Antiguamente en Alemania muchas personas se tomaban unos días de «descanso» en este tipo de instalaciones por indicación médica. Hoy ya no es tan así. Hubo una reforma del sistema de salud en la década del 90 que hizo que todo cambiara, pero lo interesante es que muchos de esos centros especializados se mantuvieron en funcionamiento y no sólo siguen ofreciendo toda una gama de servicios profesionales, sino que además modernizaron sus ofertas.

La playa de San Peter-Ording tiene 12 kilómetros de largo y hasta dos kilómetros de ancho. El lugar cuenta con una de las cinco fuentes de azufre más importantes de Alemania y en 1997 uno de los sectores de piscinas fue ampliado para incorporar nuevos servicios.

En total la localidad recibió inversiones por 54 millones de euros en los últimos años y amplió considerablemente su infraestructura. La directora de turismo del pueblo, Constanze Höfinghoff, cuenta llena de orgullo que unos 11 millones de euros lograron poner a punto las termas de las dunas, otro gran atractivo del wellness del lugar.

Las tareas de remodelación valieron la pena: San Peter-Ording mantuvo la oferta e incluso fue ampliando el espectro de ofertas que apuntan puramente al relax.

En el pueblo no viven más que 4.000 habitantes, es decir, la paz está garantizada, al tiempo que el lugar cuenta con una capacidad para 17.000 personas, de las cuales 1.000 pueden ser alojadas en clínicas especializadas.

«Antiguamente los pobladores les alquilaban la habitación a quienes se acercaban a este sitio», recuerda Höfinghoff. El gran impulso se dio en 1800, cuando el mar dejó de ser el enemigo del ser humano y se transformó en una fuente de salud y recuperación.

Hoy en día el centro de Salud y Wellness de San Peter-Ording tiene toda una gama de tratamientos y terapias para ofrecer, desde espacios especializados en enfermedades respiratorias hasta dermatológicas o motrices. No falta nada: hay talasoterapia, ayurveda, shiatsu y baños de sal. La curación está al alcance de la mano.

En San Peter-Ording, que cuenta con cinco clínicas de rehabilitación, hay tres zonas climáticas: la primera es la zona en la que rompen las olas, con un alto grado de concentración de oxígeno y yodo en el aire. Luego la zona de las dunas, de aire diáfano y pocos pólenes gracias al viento del mar. Detrás de esa zona hay una franja de 350 hectáreas de bosque de pinos serena, sin viento. Si alguien tiene una afectación de las vías respiratorias, puede evitar la zona más expuesta al mar y pasear por el bosque para que el cuerpo se acostumbre al clima.

San Peter-Ording fue descubierto como playa en 1949 y en 1957 se descubrieron sus fuentes de azufre. Las termas de las dunas, tal como se las conoce actualmente, surgieron alrededor del balneario de agua de mar construido en 1968.

«De veras existen huéspedes que vienen desde hace 50 años», aseguran los que están allí desde hace tiempo. Muchos de los que antes llegaban por orden médica se enamoraron del lugar. Vale la pena una visita para entregarse al descanso.

Por Larissa Loges (dpa)