Foto: Schlaraffia/VDM/dpa-tmn

(dpa) – Uno puede pasar aproximadamente un tercio de su vida en el dormitorio. Sin embargo, en muchos hogares el dormitorio es un espacio al que no se le presta demasiada atención y se lo utiliza de «depósito» de cosas cotidianas. No tiene por qué ser así. Debería ser un espacio en el que nos guste retirarnos para relajarnos. Si quieres cambiar tu habitación, demos el primer paso: ¡Fuera las maletas!

Es fundamental que el dormitorio sea una especie de oasis de descanso, porque allí es donde recuperaremos fuerzas durante todos los días del año.

Comencemos por las paredes: ¿De qué color son? «Lo clásico son las paredes blancas o de un tono muy neutro», comenta Ursula Geismann, que trabaja en la fabricación de muebles. «Si uno quiere generar algo interesante con colores más fuertes, debería elegir tonos fríos como de la gama del azul, del gris o del violeta, que tenga un efecto tranquilizador», opina la especialista. Según Ursula, los colores «activos» como el amarillo y el rojo, o incluso los empapelados de estampados coloridos deberían quedar fuera de la habitación, donde en realidad queremos alejarnos de los estímulos de todo tipo para poder descansar.

Para la experta, es fundamental que la ambientación sea lo más discerta posible, tanto a nivel de decoración como de cantidad de muebles. Además, es primordial evitar los estímulos no sólo visuales, sino también sonoros. «Si uno no es alérgico, puede colocar una alfombra en el dormitorio y notará la diferencia que hace a nivel acústico. Otra alternativa sería amortiguar los ruidos con cortinas o persianas», recomienda Geismann.

Hay quienes buscan más de un modo de evitar las resonancias. Los muebles pueden cubrirse o tapizarse con telas pesadas, por ejemplo.

De todos modos, «uno puede tener mala suerte. Si tu casa está en una calle muy transitada, poco podrás hacer aplicando este tipo de medidas», advierte Geismann.

A la hora de diagramar la iluminación, la regla sigue siendo la misma: evitar todos los estímulos posibles. Un buen modo es colocar distintas fuentes en el ambiente de modo que cada luz ilumine un sector determinado y no tengamos que encender un interruptor general o muchas fuentes cada vez que queramos ver algo.

La iluminación general del ambiente pude estar dada por una lámpara en el techo. Su intensidad puede decidirse según el gusto personal, si bien «no es necesario que haya tanta luz como en una cocina. Además, también depende mucho del tamaño del ambiente, del color de las paredes, del piso y de los muebles. Por lo general, los colores oscuros refractan menos luz», explica el especialista Jürgen Waldorf.

Waldorf apunta, sin embargo, que la luz debería tener la menor cantidad de componente azul posible para que todos puedan dormir bien. Es decir, más vale tener una lamparita que emita luz cálida. Por lo general, la «temperatura» de la luz se mide en grados Kelvin. Cuanto menor sea ese valor, más cálida será la luz.

Las lámparas LED modernas permiten además usos muy interesantes, como ser la colocación de una fuente de luz debajo de la cama con detectores de movimiento. De esa manera, si uno tiene que levantarse por la noche, ve adónde está pisando sin quedar expuesto a una iluminación demasiado potente.

«Lo bueno del LED es que no recalientan tanto como las lamparitas de antes», explica Waldorf, con lo cual tampoco hará falta instalar un dispositivo especial para tener una luz en el closet. «En ese caso lo único importante es comprobar, cuando compramos la lamparita, que refleje bien los colores. De lo contrario, podríamos hacer un desastre al elegir la ropa por la mañana», ríe el experto.

En este sentido, los valores suelen indicarse a través de los índices Ra y CRI (Colour Rendering Index). Ambos deberían tener al menos un factor de 80.

Por Sabine Metzger (dpa)