Close Menu
El Digital de Asturias
  • Portada
  • Actualidad
    • Agenda
    • Empresas
    • Mundo Curioso
    • Videonoticias
  • Turismo
  • Viajes
  • Estilo de Vida
    • Moda
    • Hogar
    • Sabores
  • Internet
  • Motor
Facebook X (Twitter) Instagram
El Digital de Asturias
  • Portada
  • Actualidad
    • Agenda
    • Empresas
    • Mundo Curioso
    • Videonoticias
  • Turismo
  • Viajes
  • Estilo de Vida
    • Moda
    • Hogar
    • Sabores
  • Internet
  • Motor
El Digital de Asturias
Home»Hogar»Cuando el salón es oficina, guardería y comedor a la vez
Hogar

Cuando el salón es oficina, guardería y comedor a la vez

adminBy admin23 febrero, 2026

En muchos hogares, el salón ha dejado de ser un simple espacio común. Entre juguetes, portátiles y platos sin recoger, se convierte en un territorio compartido donde todo ocurre a la vez.

Cuando el salón es oficina, guardería y comedor a la vez
Foto: 123rf.com

Un espacio que cambia según la hora

En millones de casas, el salón se ha transformado en un escenario de usos superpuestos. Por la mañana, mientras uno intenta concentrarse frente al portátil, otro cruza la habitación buscando un calcetín perdido. El mismo sofá sirve para una videollamada de trabajo y, minutos después, para que un niño practique saltos imposibles. La mesa del comedor, que antes se reservaba para ocasiones especiales, ahora sostiene cuadernos, cables, rotuladores y un plato de fruta que nadie se termina.

La escena se repite en hogares muy distintos. En un piso pequeño, cada objeto tiene un significado práctico: la manta del sofá sirve para tapar juguetes cuando llega una visita inesperada; la lámpara de pie se mueve según dónde dé mejor la luz para trabajar; el mueble de la tele acumula cargadores que nadie reconoce como propios. En viviendas más amplias, el caos es menos visible, pero la sensación es la misma: el salón ya no es un lugar, sino una mezcla de rutinas que se pisan entre sí.

La convivencia en este espacio compartido genera coreografías improvisadas. Uno se levanta para atender una llamada y otro aprovecha para poner un dibujo animado. Cuando llega la hora de comer, hay que despejar la mesa con movimientos rápidos, como si fuera un cambio de decorado. Los niños aprenden a distinguir el “ahora no puedo hablar” por el gesto de quien teclea con prisa. Los adultos, por su parte, desarrollan una habilidad casi instintiva para detectar cuándo un silencio sospechoso significa que alguien está pintando donde no debe.

La casa como reflejo de una vida acelerada

El salón multifunción no es solo una cuestión de espacio; también muestra cómo han cambiado los ritmos familiares. Antes, cada actividad tenía su lugar: el trabajo en la oficina, los deberes en la habitación, la comida en la cocina. Ahora, todo ocurre en el mismo punto, como si la casa hubiera encogido aunque las paredes sigan en su sitio.

En muchas familias, el día empieza con un reparto tácito de zonas. El que tiene una reunión importante se queda cerca del enchufe; el que necesita silencio se coloca en la esquina más alejada de la tele. Los niños, mientras tanto, ocupan el suelo con construcciones que crecen hasta que alguien tropieza con ellas. No hay un plan maestro, solo acuerdos momentáneos que se revisan cada pocas horas.

El salón también se convierte en un archivo temporal. Se acumulan mochilas, trabajos del colegio, bolsas de la compra y juguetes que nadie recuerda haber sacado. A veces, un adulto encuentra un muñeco dentro de su maletín o un lápiz de colores en el bolsillo del abrigo. Son rastros de una convivencia que mezcla lo personal y lo laboral sin pedir permiso.

La tecnología añade otra capa. Los cables se enredan con piezas de construcción, las tablets comparten espacio con cuentos ilustrados y los altavoces inteligentes responden a voces que no iban dirigidas a ellos. En algunos hogares, el salón parece una sala de control improvisada: pantallas encendidas, notificaciones constantes y un niño que pregunta si puede usar el cargador “que carga más rápido”.

La tensión aparece cuando los tiempos no encajan. Una reunión coincide con una rabieta, un informe urgente con un vaso de leche derramado. No es un drama, pero sí un recordatorio de que la casa no está diseñada para tantas funciones simultáneas. Aun así, la mayoría de familias encuentra maneras de seguir adelante, aunque sea moviendo muebles unos centímetros o adelantando la cena para recuperar algo de calma.

Un equilibrio que se negocia cada día

El salón multifunción no es una tendencia pasajera. Se ha convertido en la norma para quienes combinan trabajo, crianza y vida doméstica en el mismo espacio. No hay soluciones perfectas, solo ajustes continuos. A veces, el equilibrio se logra con un simple cambio de horario; otras, con aceptar que el salón no estará ordenado hasta que todos se acuesten.

Lo que sí queda claro es que este espacio compartido revela más de la vida familiar que cualquier foto de revista. Muestra cómo se organizan las prioridades, cómo se reparten las tareas y cómo cada miembro de la casa intenta encontrar su hueco. No es un caos absoluto ni un ejemplo de eficiencia. Es, simplemente, la forma en que muchas familias viven hoy.

Hogar
Share. Facebook Twitter Telegram WhatsApp

Más Noticias

Hogar

Plantas de interior y sus cuidados

8 enero, 2026
Hogar

Decoración navideña sostenible para tu hogar

24 noviembre, 2025
Destacadas

Cómo evitar que la ropa huela a humedad dentro del armario

21 noviembre, 2025
NUESTRAS REDES
  • Facebook
  • Twitter
  • Instagram
  • YouTube

Publicidad en Asturias

NB Radio digital Asturias

Facebook YouTube X (Twitter) Instagram
  • Aviso legal
  • Política de Privacidad
  • Política de Cookies
  • Publicidad web
  • Contacto
© 2026 El digital de Asturias.com

Type above and press Enter to search. Press Esc to cancel.