Un rúter, muchas posibilidades para compartir. Foto: Christin Klose/dpa

(dpa) – Si se tiene en cuenta el potencial de ahorro, compartir la conexión a Internet con otros es siempre una buena idea, y no solo cuando nos vemos obligados a trabajar desde casa.

¿Pero es también seguro para los propietarios y demás usuarios de la conexión? ¿Y cómo se puede llevar a la práctica?

Keywan Tonekaboni, experto de la revista especializada alemana «c’t», aconseja: «Si desea compartir su conexión a Internet, debe mantener su rúter actualizado y descargar regularmente todos los parches de seguridad para evitar ataques piratas».

La forma más fácil de compartir wifi es tener un punto de acceso separado para huéspedes: «El propietario solo tiene que confirmar que el huésped está autorizado a utilizar su conexión», explica Rainer Schuldt, de la publicación «Computer Bild», y añade que, en estos casos, no hay necesidad de introducir contraseñas complicadas.

La mayoría de los rúters modernos ofrecen en la configuración la opción de activar este punto de acceso de huéspedes, que funciona por separado de la red principal y con o sin entrada de contraseña. «El punto de acceso de los huéspedes también se puede asegurar de tal manera que, por ejemplo, sólo se puedan descargar y leer correos electrónicos», precisa Keywan Tonekaboni.

«Para evitar ataques desde el exterior siempre se recomienda instalar en el ordenador un ‘firewall'», explica Rainer Schuldt. Según el experto, la mayoría de los modelos actuales de rúters llevan integrada esta protección para impedir que personas no autorizadas accedan a la red doméstica y a sus computadoras desde el exterior. El software se puede configurar de tal manera que sólo se liberen ciertos puertos para el «tráfico externo», por ejemplo, para los juegos en línea.

¿Pero qué pasa si nuestra red ha sido utilizada por personas desconocidas para actividades ilegales, por ejemplo, para descargar copias piratas? El Tribunal Federal Supremo de Alemania ya ha dado un claro fallo en este caso, señala Schuldt: «Poner a disposición de un tercero una segunda señal wifi es solo un proceso técnico».

Quien comparte wifi en la familia o con los vecinos no es responsable de las actividades ilegales de los demás usuarios, añade Oliver Buttler, de un centro regional de protección al consumidor. «Sin embargo, la libertad tampoco es ilimitada», añade. Quien sepa que alguien está utilizando su conexión para fines ilegales, debe tomar precauciones, pero no tiene la obligación de instruir al usuario o vigilar estas actividades.

Según Buttler, las precauciones podrían incluir la asignación de contraseñas seguras o el bloqueo de ciertos sitios de Internet. «Desde el punto de vista jurídico, tiene sentido, por ejemplo, en el caso de fluctuación en los residentes de una vivienda, registrar todo por escrito y, si es posible, asignar contraseñas diferentes», recomienda el experto. Esto también puede tener sentido cuando se comparte wifi con los vecinos.

Otra modalidad es la de compartir públicamente las redes wifi privadas. «Para esto primero hay que liberar la red», explica Schuldt. Esto se hace a través de proveedores especiales registrándose como usuario o suscriptor. Según Schuldt, uno de los proveedores más conocidos en este campo en Alemania es Fon, que ahora coopera con Telekom, la mayor compañía telefónica en Alemania.

Aquellos usuarios que poseen una tarifa de Telekom pueden liberar su rúter al público en general a través del portal de Fon, y a cambio pueden utilizar las redes de Fon en el vecindario o en cualquier sitio de Europa.

Otros proveedores, como Vodafone y Unitymedia, también ofrecen las llamadas redes comunitarias, como explica Schuldt. Técnicamente hablando, el rúter establece una segunda señal wifi para el público de pago o gratis para otros clientes de los proveedores. La red doméstica no se ve afectada.

Las iniciativas no comerciales de las redes inalámbricas por radio funcionan de manera similar. «Quien quiera utilizarlas, debe instalar el software correspondiente en un segundo rúter, dispositivo a través del cual se compartirá la red con el resto de la comunidad», explica Keywan Tonekaboni, y añade: «Las diferentes iniciativas de red por radio ofrecen para ello dispositivos ya preparados».

Una vez conectado al rúter real a través de un cable de red, el rúter inalámbrico establece una red privada virtual (RPV) segura con un servidor inalámbrico. «En este caso, el usuario no accede a Internet de forma directa, sino a través del servidor inalámbrico», explica Tonekaboni. En el caso de actividades ilegales en la red, las advertencias se envían a la iniciativa correspondiente y no al propietario de la conexión.

Por Bernadette Winter (dpa)