Dormir bien es una necesidad básica para toda persona que quiere preservar una buena salud física, mental y emocional. Quien tenga problemas para conciliar el sueño o para mantenerlo un número de horas suficiente, deberá poner en marcha prácticas útiles de higiene del sueño o, en última instancia, recurrir a un especialista. Pero hay un factor clave para conseguirlo: la elección del colchón.

Es evidente que elegir el colchón apropiado beneficia el sueño y, por tanto, la salud. Hay unas claves a tener en cuenta tanto si decides acercarte de forma presencial a una tienda especializada como si te decantas por comprar colchon online en TopDormitorios. La ventaja de esta última opción es que se puede visualizar un catálogo amplio de forma rápida y sencilla de colchones de calidad que, además, son colchones baratos.

Cómo elegir un colchón para evitar el dolor de espalda

Desde su web, el Centre Quiropràcti Llevant ayuda a los consumidores a elegir un buen colchón para, entre otras cosas, evitar el dolor de espalda. Según explican, cuando es nuevo los músculos se relajan más, lo que evitará despertares continuos durante la fase del sueño más superficial. Y es que los desvelos repercuten en inflamación de la espalda y dolor al día siguiente.

Eso de “colchón nuevo”, como recuerdan desde el centro, entra en contradicción con la costumbre española de renovar el colchón cada 12 años, en lugar de cada 10, siendo los europeos que más alargan su vida útil. Partiendo de esta necesidad de renovar antes, hacerlo es cuestión de saber qué conviene.

La base importa

Que el colchón sea más o menos cómodo tiene mucho que ver con las características de la base. Un somier bueno, según explican los quiroprácticos de Llevant en su web, es uno firme y uniforme. Así, el que contenga láminas próximas entre sí se adaptará mejor a las formas y al peso del cuerpo, lo que previene el dolor de espalda.

Ni duro, ni blando: firme

Como profesionales, estos quiroprácticos recomienda un colchón que, sin llegar a ser muy duro, sea lo suficientemente firme. Y es que si es demasiado blando tendrá poco remedio, pero si resulta demasiado duro se puede adaptar colocando un sobrecolchón fino, que además lo hará más mullido.

La firmeza, en todo caso, tendrá que ver con cada persona, con cuestiones como la talla y el peso. Además, deberá ser homogéneo, para que el cuerpo se mantenga apoyado sin crear huecos. Y flexible, para que se adapte a la curvatura de la columna y la mantenga recta.

Tamaño: más vale grande

Lógicamente, el tamaño sí que importa a la hora de elegir el colchón. Debe alcanzar un mínimo de 160 centímetros, pero lo mejor es que llegue a los 180.

Además de la altura de quien o quienes van a dormir sobre él, también hay que tener presente si alguno de los miembros de la pareja se mueve mucho. A mayor tamaño, menores posibilidades de que esos movimientos nocturnos acaben afectando al sueño del otro, y contribuyan a los dolores de espalda.

La temperatura, también relevante

Látex, viscoelástica, espuma, muelles… Hoy día el mercado ofrece múltiples posibilidades en cuanto a tipos de colchón, y probablemente es en el ámbito de la temperatura donde la elección por uno u otro resulta más determinante. Un factor en que, según los quiroprácticos de Llevant, se repara poco.

El colchón debe contribuir a regular la temperatura corporal, factor clave para disfrutar de un sueño reparador. El exceso de calor o de frío no lo favorecerá, y aumentará las posibilidades de dolor de espalda.

Por lo general, son la lana y el algodón los materiales que favorecen mejor el intercambio de calor, y luego habría que considerar el lugar de residencia. Si es un sitio cálido, el colchón de muelles puede ser buena opción porque, al ventilarse mejor, es más fresco. Si es un lugar frío o si quien lo va a usar suele tenerlo, ayudan a preservar mejor el calor los viscoelásticos, de látex o de espuma.

Probar, cuestión fundamental

En definitiva, para garantizar que la firmeza es suficiente, el tamaño es adecuado y la temperatura se preserva bien, hay que probar el colchón. Y, normalmente, no basta con tumbarse unos minutos en la tienda.

Por eso no importa tanto que la compra sea presencial, y sí que la tienda ofrezca garantías, entre ellas, posibilidad de devolución.